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Un milagro innecesario

Cierto día de descanso, mientras Jesús enseñaba en la sinagoga, vio a una mujer que estaba lisiada a causa de un espíritu maligno. Había estado encorvada durante dieciocho años y no podía ponerse derecha. Cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: «Apreciada mujer, ¡estás sanada de tu enfermedad!». Luego la tocó y, al instante, ella pudo enderezarse. ¡Cómo alabó ella a Dios! - Lc. 13:10-13

Es realmente una aventura fascinante leer la biblia y encontrar en ella relatos en donde este hombre llamado Jesús es capaz de ver y percibir las necesidades más profunda de las personas y devolverles no solo la salud sino también la dignidad, es cautivador ver a Jesús tener encuentros con personas con las que nadie quiere relacionarse y con pequeños gestos lograr profundas transformaciones; esto me lleva a repensar mi posición ante los demás y verlas con compasión y amor por eso quiero invitarte a ver este hermoso relato en el evangelio de Lucas.

Para poder comprender un texto bíblico no basta solo con leerlo sino que debemos considerar todos los elementos que encierran dicho relato porque ubicar dicho elementos nos permitirán tener una visión más clara acerca del impacto que tuvo dicho suceso para las personas que estuvieron presentes en ese momento así como para la Comunidad de fe a la cual está dirigida dicho evangelio.

El suceso se dio el día sábado y dentro de una sinagoga,  este es el trasfondo sobre el cual Lucas ubica su relato: la sinagoga representaba en lugar donde se formaba la mentalidad judía y se adoctrinaba al pueblo y el sábado constituía el pilar del judaísmo y sobre el cual descansaba su identidad y costumbre. El culto de día sábado en la sinagoga estaba planificado para que salga todo de acuerdo a lo acostumbrado pero aquel día en medio de la enseñanza de Jesús, él "ve" a esta mujer que estaba enferma; y esto me llama mucho la atención y quiero explicar esto: el trato hacia la mujer en la sociedad judía de la época de Jesús era humillante y no tenía participación en la vida pública ni podía hablar en la sinagoga y a eso debemos agregarle que padecía una enfermedad durante 18 años, la enfermedad en aquel entonces era ligada al pecado y abandono de Dios, eso agravaba más su situación de marginación ante la sociedad. La mujer marginada, la que no era vista o a la que evitaban ver; a esa mujer enferma y tal vez viuda e incluso pobre; aquella mujer Jesús vio pero no solo se quedó en eso sino que le habló y posiblemente la puso frente a todos, le habló tiernamente, la tocó y la sano; eso es sorprendente, ¿acaso era necesario que la toque para sanarla? claro que no pero la tocó y eso es significativo porque Jesús sabía realmente todo lo que esta mujer necesitaba y hizo algo que muchas veces no hacemos como seguidores suyo que es el hecho de identificarse con las necesidades de los demás, ella entro en silencio, no pidió ser sanada, nadie le prestaba atención y mucho menos alguien se atrevía a darle ese abrazo que es capaz de aliviar las cargas que una persona puede sentir al tener que vivir enferma, rechazada, marginada y sola, cuando uno considera todo esto puede ver la misión libertadora de Jesús no solo del peso del pecado sino también del peso que la religión y de la sociedad muchas veces impone en las personas y en donde los más perjudicados son los más vulnerables.
Cuando está sanación ocurre ante los ojos de todos lo presentes, aquella mujer que entró en silencio y posiblemente ubicada en los últimos lugares de la sinagoga, estando frente y siendo vista por todos alza su voz para dar gloria a Dios porque ahora ella ha sido liberada de su enfermedad y la larga espera ha terminado, esto nos demuestra la trascendencia que tiene la identificación compasiva con las personas que sufren o que pasan necesidades físicas, económicas o espirituales.

Cuando uno llega hasta ese punto del relato se imagina la emoción y el asombro de los presentes, espera que todos se alegren con la mujer y juntos salten dando gloria a Dios pero no fue así, el principal de la sinagoga se indigno y arremetió contra la mujer culpándola, así como lo lees la culpo a ella demostrando la falta de compasión y limitando así el amor de Dios a solo 6 días de la semana; considero que ese milagro era innecesario hacerlo ese día que ella podía ser sanada en otro momento y eso pasa cuando no hay identificación con el dolor y el sufrimiento del otro pero quiero ir más allá puede que sintamos compasión pero eso no es identificación, es en el actuar cuando realmente podemos lograr trascender en la vida de las personas y eso fue lo que hizo Jesús paso del sentimiento a la acción, de la compasión a la sanidad, ¿cuánto nos falta aprender de Él?

Ante esta reacción del principal de la sinagoga, esperaríamos que alguien la defendiera pero sólo una voz se levantó y fue la de Jesús no solo acaba de liberarla sino que además ahora la defiende de los ataques, lo hace de manera magistral denunciando la hipocresía de este religioso poniendo así en manifiesto la gran distancia de separación entre sus creencias legalistas y la acción cotidiana de muchos de ellos.
La sanación de la mujer en el día de reposo, hecho criticado se vuelve a su vez una crítica al pensamiento y actuar religioso de los dirigentes judíos; hoy también esto debe sonar a una crítica al modo de vida que llevamos en donde muchas veces hemos usado nuestras manos y nuestra voz para señalar el pecado de los demás y marginar a otros por considerarlos personas indignas del amor de Dios en lugar de usar nuestras manos y nuestra voz para tocar, sanar, defender y acoger aquellos que pasan necesidades.
Hoy la iglesia debe ser una comunidad que se caracterice por el amor que acoge a los más vulnerables y rechazados; que no excluye a ninguna persona sino que esté presto acercarse a ellas y no ser un club social que se caracteriza por defender tradiciones limitando el amor y la soberanía de Dios. 
Estamos ante una gran oportunidad de ser la comunidad de fe, esperanza y amor que Jesús nos enseño con su vida.

 ¿Dónde estaba Dios cuando Jesús estaba en la cruz? Y respondía: en la cruz crucificado en Cristo. - Karl Ranher

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