La relación con Dios no nos lleva a escapar de la sociedad, ni nos aísla del dolor. Al contrario, es estar en el mundo mostrando misericordia, transparencia y sinceridad en nuestras relaciones y jugar un papel constructivo como pacificadores, aunque no nos agradezcan ni valoren ello aun incluso se nos opongan, es nuestro llamado como discípulos.
a)
Según el versículo 2, nos dice claramente que dicho mensaje es dirigido
principalmente a sus discípulos, aquellos que hasta hace poco eran como todos
los demás. Pero llegó la llamada de Jesús, lo abandonaron todo y le siguieron,
desde entonces pertenecen a Jesús. Van con él, viven con él y le siguen a donde
quiera que los lleve. Les ha sucedido algo que otros no han experimentado. Es a
esa comunidad, a ese grupo de personas que Jesús dirige este mensaje.
Este
mensaje inicial acerca de las bienaventuranzas expone la naturaleza equilibrada
y multicolor del pueblo de Dios.
En palabras de John Stott, “el grupo que exhibe estas marcas no es un grupo elitista, una pequeña aristocracia espiritual alejada del común de los cristianos. Por el contrario, las bienaventuranzas detallan la concepción de Cristo sobre lo que en esencia debe ser cada cristiano. Todas las cualidades deben caracterizar a todos y cada uno de sus seguidores.”
b) En el desierto de Judea, en las tentaciones que Mateo narra en el capítulo anterior, Jesús había rehusado convertir las piedras en pan y había rehusado la idea de establecer un reino material y a lo largo de todo su ministerio rechazó consecuentemente la misma tentación y ante la pregunta de Pilatos su respuesta fue contundente “Mi reino no es de este mundo”. Es decir que tiene un origen diferente y, por lo tanto, un carácter diferente. Decir esto no significa sugerir que Jesús era indiferente al hambre y la pobreza física. Por el contrario, tuvo compasión del necesitado y alimento al hambriento y dijo a sus seguidores que hicieran lo mismo pero su bendición no fue primordialmente de carácter económico.
c) Se elogia cada cualidad y a cada persona que la exhibe se la declara “bienaventurada” o “bendita”, la palabra makarios puede significar y significa “feliz” sin embargo según el contexto no es apropiado utilizar la palabra feliz porque lo que esta haciendo el Señor no es declarar como se sienten sino cómo Dios las considera y lo que son. Aunque ciertamente al cumplir los mandatos de nuestro Señor podemos experimentar la felicidad debido a que existe una conexión entre la santidad y la felicidad.
La división más simple es ver las cuatro primeras como las que describen la relación del cristiano con Dios, y las cuatro restantes como las que describen sus relaciones y deberes con su prójimo.
“Dios bendice a los pobres en espíritu y se dan cuenta de su
necesidad que tienen de Él, porque el reino de los cielos les pertenece”
La pobreza llegó a tener visos espirituales y a identificarse con dependencia humilde de Dios. Así el salmista se designó a sí mismo “este pobre que clamó a Dios en su necesidad, y le oyó Jehová, y lo libró de todas sus angustias” (Salmo 34:6). El pobre en e antiguo testamento es aquel que está afligido y es incapaz de librarse por sí mismo, y que, por consiguiente, mira a Dios en busca de salvación, al mismo tiempo que reconoce que no tiene derecho a ningún reclamo.
Los
pobres se describen también como personas de espíritu humilde y quebrantado, a
ellos mira Dios y con ellos se complace en habitar (Isaías 57:15; 66:1-2).
Por
eso ser pobre en espíritu es reconocer nuestra pobreza espiritual, nuestra
bancarrota espiritual delante de Dios.
Justo
al comienzo Jesús contradijo todas las expectativas nacionalistas acerca del
reino de Dios.
Jesús
no se refiere aquí a la aflicción que produce la pérdida de un ser querido o de
algo muy preciado sino a la aflicción que produce el arrepentimiento, esta es
la segunda etapa porque una cosa es ser espiritualmente pobre y reconocerlo,
otra es lamentarse y llorar por ello. Esto no quiere decir que el creyente debe
andar siempre deprimido y lloroso, sino que debe dolerse por el pecado personal
y por el mal existente en el mundo como lo hicieron otros hombres de la biblia
(Salmo 119:136; Filipenses 3:18).
La “consolación” sería uno de los oficios del Mesías, y el fue que quién consoló y consuela nuestros corazones, pero un día aquel consuelo será completo cuando el pecado no exista y todas nuestras lágrimas sean enjuagadas por Dios.
“Dios bendice a los que son humildes, porque heredarán toda
la tierra”
“Dios bendice a los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados”
La
justicia en la biblia tiene por lo menos tres aspectos: legal, moral y social.
La
justicia legal es la justificación (relación correcta con Dios) que ya
fue satisfecha por Dios al salvarnos.
La
justicia moral es aquella justicia de carácter y justicia que agrada a
Dios.
La
justicia social: El cristiano no puede pasar de largo ante la injusticia
y atropello de los derechos humanos. No puede dejar de un lado el hambre
consecuente de la injusticia social sin denunciarlo y acudir en ayuda conforme
a sus posibilidades. No es posible dejar de entender que quien predicó el
evangelio de salvación lo hizo acompañado de dar de comer al hambriento, sanar
al enfermo, consolar al afligido, restaurar al caído y denunciar abiertamente
la injusticia de los que estaban en autoridad, disfrazada de apariencia
piadosa.
Esta
hambre y sed no debe ser algo transitorio o pasajero sino algo intenso y
continuo, es una sensación de necesidad como la expresada por el salmista en
Salmo 42:1-2 y en el Salmo 63:1.

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