«Dios ha
visitado hoy a su pueblo» - Lucas 7:11-17
Vivimos tiempos en los
cuales al mirar alrededor vemos temor, desconsuelo y necesidad en el rostro de
las personas, muchos viven en medio de la incertidumbre y la preocupación de lo
que traerá el futuro, todo esto producto de la situación económica y de la
salud de sus amigos, familiares e incluso ellos mismos. Incluso, nosotros mismos
podemos estar pasando por una situación económica preocupante por la falta de
empleo y porque los ahorros se van terminando o tal vez porque nuestros
ingresos son menores que antes pero las deudas van aumentando; puede que no sea
lo económico sino la salud de un familiar la que nos tiene en una situación de
profunda tristeza, el sentirnos limitados en lo que podemos hacer por el o ella,
tal vez el duelo por la pérdida de un familiar que nos ha golpeado duramente y
sentimos pasar tiempos sombríos, no son tiempos sencillos y las palabras muchas
veces quedan cortas o hasta no alcanzan a describir la magnitud del dolor que
podemos pasar.
El relato de Lucas nos
presenta una escena de dolor e incertidumbre. Es muy difícil imaginar la
situación emocional de la mujer, hoy en día tal vez no podríamos comprender
totalmente esto porque existen muchas mujeres que pueden sostenerse en medio de
nuestra sociedad sin la necesidad de un hombre, pero no podemos mirar el relato
con los lentes de nuestro contexto sino con los de la época de Jesús.
Una mujer que es viuda
acaba de perder a su único hijo, la cual, de acuerdo con las regulaciones sociales,
culturales y religiosas de la época, al ser viuda y ahora sin el único hijo que
podía proveerle un futuro estaba destinada a la incertidumbre y a depender de la
compasión pública; estamos ante una mujer que ha perdido no solo a su esposo,
sino que, con la muerte de su único hijo, en ella también ha muerto su
esperanza de un presente y futuro. Es en medio de esta situación, sucede un
encuentro entre Jesús y la mujer: Cuando el Señor la vio, su corazón rebosó de
compasión. «No llores». Jesús se acerca a ella
con su corazón rebosando de compasión y se preocupa por su situación emocional
propia del dolor de una pérdida, le da una palabra de esperanza en medio de su dolor,
pero no sólo se limita a ello, sino que está a punto de plasmar en una acción
concreta sus palabras: Luego se acercó al ataúd y lo tocó y los que
cargaban el ataúd se detuvieron. Algo extraño ha ocurrido,
porque Jesús acaba de tocar el ataúd donde estaba este hombre muerto y al hacer
esto podía ser considerado una persona impura ceremonialmente, pero a Jesús no
le importó tal cosa, para él era más significativo las personas y su necesidad
de la gracia de Dios que todo aquello que imponía la religión.
Jesús entonces sin
limitarse a solo palabras de consuelo o acciones aisladas, decide dar solución
a esta situación concreta: «Joven —dijo Jesús—, te digo,
levántate». ¡Entonces el joven muerto se incorporó y comenzó a hablar! Y Jesús
lo regresó a su madre. Jesús con esta demostración
de su amor no sólo le devuelve la vida al joven sino también se la devuelve a
su madre, le devuelve la esperanza y la alegría. Este acto de Jesús es una gran
demostración de que «Dios ha visitado hoy a su pueblo», de que Dios en la persona de Jesús no se ha olvidado de la
humanidad y que irrumpe en la historia para traer sanación y salvación, acá
acaba de salvar a una mujer de la exclusión, de la pobreza, de la desesperanza
y de la muerte. Este relato termina siendo un gran consuelo y desafío para
todos nosotros, consuelo porque nos presenta a un Jesús que desbordado de amor
por nuestras realidades se acerca a nosotros para devolvernos la esperanza no
solo con palabra sino con acciones concretas y esto lo hace posible por medio de
su presencias, de su comunidad, de las personas y ahí viene el desafío porque nosotros
somos los llamados a actuar como Jesús, ¿conoces a personas que están pasando
por situaciones económicas difíciles?¿qué puedes hacer por ellas? No solo las
pienses, actúa, ¿hay alguien que sufre por una enfermedad? No solo ores, busca
alternativas para ayudarle, ¿conoces de alguien que llora por la pérdida de un
familiar o por la incertidumbre del mañana? No solo le lances textos bíblicos,
camina con él o con ella y sostenla como puedas. Sé el Jesús que muestre que
Dios esta visitando a las personas en sus necesidades y no seas el “Jesús tan
espiritual” que es indiferente a las necesidades materiales o emocionales de
las personas.

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