Él les preguntó:
—¿De qué vienen discutiendo tan profundamente por el camino?
Se detuvieron de golpe, con sus rostros cargados de tristeza. - Lc. 24:13-34
Todos
en alguna o muchas ocasiones de nuestra vida hemos pasado por situaciones difíciles
que nos ha llevado hasta un punto de desesperanza, desilusión, frustración,
miedo y desánimo, que incluso nos han hecho tener dudas acerca de nuestra fe hasta el punto de querer abandonar este camino, tal vez hay quienes sí
lo han abandonado. No sólo lo hemos pasado nosotros sino que lo hemos visto
pasar en la vida de otras personas pero lamentablemente muchos que expresaron
sus desilusiones o su pérdida de esperanza no han encontrado consuelo y
acompañamiento sino crítica; yo he visto a creyentes que en un momento de su
vida han sentido dudas de su fe y decidieron abandonar la comunidad cristiana, una
vez que lo hicieron fueron muy pocos que mantuvieron comunicación con ellos y
decidieron caminar a su lado, sólo vi crítica o palabras como ‘bueno, eso
demuestra que no era cristiano” o para sonar más doctrinales “es que no estaba
predestinado”, lo cual es triste decirlo pero de verdad pasa muchas veces en
las comunidades cristianas cuando alguien “deja de ir a la iglesia”; es como si
nuestra única misión fuera preocuparnos por los que van a la iglesia y dejar en
segundo lugar aquellos que no van. Yo he pasado esas crisis de fe, momentos en
los cuales quieres tirar la toalla y decir basta, momentos en los cuales el
miedo te invade y no sabes con quién o cómo compartirlo por temor a ser juzgado
o criticado, lo he pasado y he sido criticado en ocasiones pero lo que también
he experimentado es el abrazo de Dios en medio de mis crisis, su compañía en
medio de mis temores y sus oídos atentos a todo lo que pudiera expresarle sin
reserva porque ahí entendí que comunicarte con Dios va mas allá de armar un
ritual o seguir ciertos pasos, es abrir tu corazón, no importa cómo se
encuentre y expresarle todo lo pienso y siento, es en verdad encontrar tal vez
no respuestas pero si compañía y amor.
Cuando
en el evangelio de Lucas, relata el encuentro que tuvo Jesús con los dos discípulos
que se iban hacia Emaus, me veo yo siendo uno de ellos. Y es que es probable
que ellos al tomar esa dirección, estaban abandonando el seguimiento a Jesús,
dice el texto bíblico que ellos estaban desilusionados y que habían perdido la
esperanza porque tenían una expectativa acerca de Jesús y que habían visto en
su muerte, un símbolo de fracaso; para ellos con la muerte de Jesús también habían
muertos sus esperanzas del establecimiento del reino. Lo interesante es que
pese a esa carga de desilusión, aún en sus labios y en sus mentes estaba Jesús,
aunque estaba abandonando el camino pero la persona de Jesús y sus mensajes
permanecía en ellos.
Fue
en algún momento de esta conversación, cuando Jesús se presenta ante ellos
(veladamente antes sus ojos) y les pregunta que ha pasado, ellos le expresan su
desilusión y aunque Jesús les reprocha, no los juzga deliberadamente sino que
decide caminar a su lado y hacerles recordar todo lo que el Antiguo Testamento
hablaba de él, tocando lo más profundo de sus corazones de una manera que ellos
lo expresaron como “un ardor en sus corazones”. Luego ellos lo invitaron a quedarse
y cenar, para Lucas los eventos en una mesa son parte esencial en su evangelio
y ella muestra situaciones trascendentales del ministerio de Jesús, esta vez no
fue la excepción. Jesús tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se los dio, se le
abrieron los ojos, esos gestos no podían ser de otra persona que lo fuera
Jesús; tres años con él, eso era inconfundible y entonces la esperanza volvió a
resurgir en sus corazones, Jesús estaba vivo e inmediatamente volvieron a
Jerusalén a compartir con los otros discípulos lo que habían vivido.
Este
relato es hermoso por dos razones: Por un lado de hace recordar que es normal
pasar por momentos de crisis, desilusión y desesperanza; y que en esos momentos
aunque reciba las críticas o rechazo e incluso el abandono de las personas
puedo estar seguro que Jesús está dispuesto a caminar conmigo aún cuando
parezca que estoy tomando el camino contrario a él, su compañía esta a mi lado
y se hace visible en aquellos que deciden ponerse a nuestro lado y
acompañarnos, brindado su comprensión, amor, consuelo y su tiempo. Por otro
lado, lo que me enseña es que yo debo ser el Jesús de aquellos que pasan estas
situaciones y que aún habiendo decidido abandonar la fe, debo ponerme a su lado,
identificarme con ellos y estar dispuesto a escucharlos y ser un canalizador de
sus dudas y temores porque es capaz de producir trasformación y transcendencia
en sus vidas.

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