“…y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres” – Juan 8:31-32
Este es uno de aquellos textos bíblicos que más usamos al momento de hablar del evangelio a otros creyentes o no creyentes, pero en algunas ocasiones podemos usar ciertos textos sin llegar a comprenderlos y tal vez este sea uno de esos casos.
Normalmente cuando nos referimos a la verdad solemos relacionarlo con el evangelio y su contenido, pero tal vez este análisis sea algo incompleto si vemos el contexto en que es dicho y el significado de las palabras usadas. Esta verdad que se menciona en el texto tiene conexión con lo anteriormente mencionado por Jesús.
El evangelista nos dice que Jesús se dirigió a los judíos que había creído en él, desde acá algunos hacen malabares porque estos mismos judíos luego tomarían piedras para atacarlo por eso afirman que este grupo de judíos nunca había creído en Jesús. Sin embargo, este análisis no es correcto si consideramos que, en el evangelio de Juan, es recurrente encontrar la palabra “creer” demostrando que la fe es más que un evento único, sino que es un proceso dinámico que se reafirma día a día, viviendo dicho evangelio.
A estos judíos, Jesús les dice: Si se mantienen fieles a mis enseñanzas, serán realmente mis discípulos; y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.
Estas palabras de Jesús son sumamente interesantes por la conexión que realiza entre la obediencia y la verdad cuando comúnmente nosotros relacionamos conocimiento con la verdad, la clave de la interpretación de este texto radica en la palabra conocerán que es la traducción de la palabra griega ginosko que significa “llegar a conocer a través de la experiencia personal, tener un conocimiento de primera mano” y viene a ser como bien dice su definición, un tipo de conocimiento, no meramente intelectual sino íntimo y personal obtenido a través de la experiencia, de lo cual podemos llegar a la conclusión que la verdad que se menciona en el texto es una que se obtiene a través de la experiencia y es por esa razón que podemos afirmar que el evangelio se debe vivir.
Si volvemos a Juan, Jesús le dice estas palabras a este grupo de judíos porque para el evangelista, ellos habían realmente creído en Jesús, pero aquella convicción no se afirmó en el tiempo porque no lo vivieron y de llegar a creer terminaron convirtiéndose en unos opositores al evangelio de Jesús es decir terminaron siendo un satanás, esto debe llevarnos a considerar el peligro que existe al no vivir el evangelio por más conocimiento intelectual que podamos tener al respecto.
Ellos realmente han creído en Jesús y están dispuestos a seguirle, por eso les hace esta invitación directa a vivir una nueva forma de vida siguiendo sus enseñanzas y comprobando a través de lo vivencial que eso es la verdad. Citando a César Soto sobre el tema: ¡Hey!, no necesitan todos los datos que la religión establecida les está dando, todos los mandamientos y prohibiciones que son mas largas que la Torá; síganme y vivan mi evangelio, comprueben que este mensaje es verdadero, vivan la experiencia de primera mano”.
Es a través de vivir el evangelio en toda su extensión: amando a las personas, perdonando las ofensas, abrazando y consolando al que sufre, ayudando al necesitado, recibiendo a los extranjeros y aceptando a los rechazados, es ahí cuando decidimos abandonar nuestra burbuja y dejar de apoyarnos en nuestro conocimiento intelectual decidiendo plasmarlo en lo cotidiano cuando comprobamos aquella verdad que nos hace libre del pecado no solo personal sino también del pecado de la indiferencia e inactividad para pasar a vivir una fe dinámica y que trasciende más allá de una silla de escritorio o de púlpito de iglesia.
Pongamos en práctica las enseñanzas de Jesús y vivamos el evangelio que nos libra del egoísmo, la indiferencia e inactividad.

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