De pronto, un hombre
en la sinagoga, que estaba poseído por un espíritu maligno, gritó: «¿Por qué te
entrometes con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? ¡Yo sé
quién eres: el Santo de Dios!».
Marcos 1:21-28
Inmediatamente un hombre poseído
por un espíritu maligno se presenta delante de Jesús, lo llamativo de esto es que
ocurre dentro de la sinagoga, el lugar de culto y enseñanza. Este hombre
comienza a gritar: ¿Por qué te entrometes con nosotros…? Nos preguntamos,
¿quiénes serán aquellos “nosotros” a los cuales menciona este hombre? Durante
años he escuchado y leído que este hombre tenía muchos espíritu dentro de él y
ese “nosotros” hace referencia posiblemente a ellos, sin embargo si vemos el
marco narrativo entre el cual se encuentra este suceso podremos encontrar una
luz para comprender a “quienes” se refería este endemoniado, el v.22 cierra con
la comparación entre la autoridad y enseñanza de Jesús con respecto a los
maestro religiosos, se evidencia un conflicto que vuelve a resaltarse al
finalizar el suceso de la liberación y sanidad de este hombre, en el v.27 dice
que la gente se asombro y preguntaba, ¿qué clase de enseñanza es esta? Y afirmaba,
¡tiene tanta autoridad!
Todo este marco narrativo parece
apuntar que ese “nosotros” hace referencia a los lideres y maestros de la ley, la
voz de este endemoniado representa la voz de todo este grupo de maestro de la
ley que, en lugar de acercar a las personas a Dios, las alejan cada vez más y Jesús
esta invadiendo este territorio con sus buenas noticias de salvación y sanación
poniendo en peligro el sistema religioso dominante que excluía y rechazaba, que
se empeñaba en imponer rigurosas leyes para acercarse a Dios y es Jesús en su
acto mostrando el verdadero rostro de Dios, un Dios que ama a la personas y que
busca aliviar sus sufrimientos, sanar sus heridas y promoviendo una mejor vida.
Es nuestra responsabilidad ahora
evaluar en que lugar nos encontramos nosotros, porque es muy fácil criticar y
decir que son los otros lo que están del lado equivocado, señalar que los otros
son los “fariseos” y nosotros somos los dueños de la verdad, puede que la voz
de este endemoniado nos represente a nosotros. Seamos maestros de vida como Jesús,
que promuevan la vida, sanen, alivien, consuelen y que seamos buenas noticias
para los demás.

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