Entonces los discípulos comenzaron a discutir
entre ellos acerca de quién era el más importante. Pero Jesús
conocía lo que ellos pensaban, así que trajo a un niño y lo puso a su lado. Luego les
dijo: «Todo el que recibe de mi parte a un niño
pequeño como este, me recibe a mí; y todo el que me recibe a mí, también recibe
al Padre, quien me envió. El más insignificante entre ustedes es el más
importante».
Lc. 9:46-48
Los discípulos de Jesús van
por el camino discutiendo quien de entre ellos era el mas importante, aquella
es una discusión que sigue dándose en nuestro tiempo en algunos casos de manera
abierta y muchas otras en los corazones de aquellos que ven el cargo como una
medición de autoridad y espiritualidad; en otros casos esta discusión sigue
vigente entre las misma congregaciones por saber quien es la que tiene la
verdadera doctrina o quien tiene más miembros, incluso hasta quien tiene el
templo mas bonito, moderno y con los mejores equipos; esto no quiere decir que
ello sea malo pero cuando se le prioriza por encima de las personas entonces se
desvía del propósito y misión de la iglesia. En medio de esta discusión, Jesús interviene,
pero no con gritos o llamadas de atención sino con un ejemplo muy llamativo, pone
a un niño a su lado; el cual en el mundo antiguo no tenía derecho, no existía
como sujeto, no eran un modelo a seguir, es decir no eran importantes y sin
embargo les invita a sus discípulos a dejar de lado esa vana discusión y más
bien los desafía a recibir aquel niño en un paso de humildad que demuestra la
verdadera grandeza e importancia esta en recibir incluso a lo que son
considerados insignificantes y darles el valor que merecen como seres humanos.
Lo verdaderamente importante para Jesús: es considerar importante al más
insignificante. A lo largo del evangelio lucano, vemos a Jesús recibiendo a los
menos importante de su sociedad: mujeres, niños, prostitutas y enfermos; a los
cuales muchas veces los pone como ejemplo, los dignifica, los acoge y a su vez
invita a los demás a unirse a su causa, unos lo aceptan pero otros lo rechazan
porque no soportan esa idea, ¿quiénes somos nosotros, los que discuten en el
camino por saberse si es el más importante o los que prefieren considerar como más
importante al otro? ¿somos nosotros de la misma línea que Jesús?

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